Una casona de Belgrano encierra algo de Escocia y todo del whisky (Carín 2016)

La herencia de Corazón Valiente y Johnnie Walker. Con 2.870 botellas y 4.100 socios, el Museo Argentino del Whisky, segundo a nivel internacional, conserva la primera colección privada de whisky más importante del mundo.

Por Maria Josefina Cerutti, Especial para Clarin

Mandarinas, naranjas, pimienta negra, cebada y roble americano son algunos de los aromas del whisky. Los mismos que podemos sentir en la casona de 1913 estilo inglés de Belgrano R donde funciona la sede de Whisky Malt Argentina (WMA) y del Museo Argentino del Whisky.

En el patio de entrada, está San Cayetano pintado en azulejos. Por cábala. Miguel Angel Reigosa, el propietario, no quiso tocar al santo del trabajo. También porque coincide con la fecha de nacimiento del padre, primer maestro del tema de su vida: el whisky.

Con 2.870 botellas, el MAW, segundo museo a nivel internacional, conserva la primera colección privada de whisky más importante del mundo. A lo largo de sus cincuenta y cuatro años, Reigosa juntó botellas de whisky de los modelos más variados, divertidos y bizarros que se nos pueda ocurrir. Fueron las destilerías escocesas las que ayudaron a Miguel Angel para que cumpliera el sueño.

Abrir la puerta del WMA es entrar a Escocia, donde Reigosa siempre es invitado de honor. Viajó veintiséis veces, solo al principio, ahora con socios y amigos. Lo reciben en palacios y castillos.

Un recorrido por la sede

La WMA tiene tres plantas. La primera sala de esta casona reproduce la sala de degustación de la destilería Glenfiddich, una de las mejores marcas de whisky. El ambiente está empapelado con un fondo marrón y ciervos apenas dibujados, con sillones de cuero negro y vidrieras para las botellas.

  • Primera planta: Aquí está el Whisky Shop, abierto al público en horario de comercio. Los 4.100 socios, en cambio, pueden comprar sus botellas mientras esté abierta la sede del WMA, aunque sean las tres de la mañana.
  • Segunda planta: Se encuentra el restaurante-bar con la barra de whiskies más grande de América: 600 etiquetas de whisky, cervezas, rones, vinos, etcétera. Se recomiendan las papas fritas con panceta y queso cheddar derretido, “igualitas a las que hacen en Escocia”, aclara Reigosa.
  • Tercera planta: Alberga el Museo Argentino del Whisky (MAW). Se puede subir por la escalera de madera restaurada o por un ascensor ultramoderno. Aquí también hay otra sala de degustación. “Como estas hay dos en todo el mundo: Buenos Aires y Shangai”, apunta Reigosa.

Reigosa también es inventor y promotor de la Fiesta Nacional del Whisky que cumplió doce años de festejos consecutivos, siempre en el Palacio Paz, sede del Círculo Militar.

El hombre detrás del museo

Miguel Angel es el nombre del whisky en nuestro país. Ex propietario del Cité de los Incas, que durante años fue el único lugar de Buenos Aires donde tomar los mejores whiskies del mundo.

Ex combatiente de Malvinas, fue uno de los once extranjeros que Isabel de Inglaterra invitó para su cumpleaños en 2010. En honor a la reina, la destilería Chivas Regal presentó el “62 Gun Salute”. En el museo también está la botella del Royal Salute 50 que cuesta unas 40.000 libras esterlinas y fue una producción limitada de 255 botellas. “Soy uno de los siete del mundo que tiene todavía cerrada una de estas botellas”, afirma Reigosa. Además, es locutor y director del programa Mundo Whisky que va por Canal Metro los domingos a las 24.

“Mi padre me hizo amar esta bebida”, recuerda. “Apenas adolescente volví a casa con algunos amigos, todos con algún trago de más. Papá llamó a los padres y nos hizo probar un whisky. Quiso que aprendiéramos a tomar lo mejor. Aquel Old Parr me quedó en la memoria. Fue el más feliz de mi vida”.

Orígenes y cultura del Whisky

Los orígenes de la historia del whisky —en gaélico, agua de vida— se remontan a 1400, cuando el fraile escocés John Cor destiló las primeras botellas que luego distribuyó como medicina entre los habitantes. Tanto gustó que casi dos siglos después la Iglesia intentó prohibir el consumo de whisky por lo menos los domingos. Pero fue imposible; hasta los pastores presbiterianos contradijeron las leyes, ¡incluidas las divinas!, guardando sus botellas en el púlpito.

Reigosa comenta que “las maltas que se pueden tomar en el WMA provienen de destilerías familiares, las más tradicionales de Escocia o de embotelladoras independientes”.

La comunidad de WMA

La mayoría de los socios de la WMA son hombres de entre 25 y 50 años. También hay mujeres de la misma edad, pero son menos. La mayoría pertenece a sectores medios. Los jóvenes son curiosos porque prueban las categorías premium y súper premium, mientras que los hombres ya maduros consumen etiquetas estándar. Entre los socios de WMA hay muchos de Córdoba, Santa Fe y Villa Constitución. La sede también está disponible para catas y cursos de formación.

“Si estás de bajón no tomes whisky, porque el whisky es felicidad”, aconseja Reigosa. Esta pasión la comparte Verónica Tomaghelli, la primera mujer que habla de whisky en Argentina, quien se enamoró de la bebida por su historia y la lucha de los escoceses.

Para los socios, el whisky es más que una bebida:

  • “Tomar un whisky es hacer un stop en tu vida”, dice Liliana, una socia que dejó de ser abstemia cuando lo probó.
  • “El whisky es un estilo de vida”, agrega otro socio.
  • “Fundamental tomar menor cantidad, mayor calidad”, dice otro.
  • Para algunos, es un programa de hombres, “es como fumarte un habano”.
  • Nicolás, de 90 años e hijo de escoceses, frecuenta la WMA con su hijo y su nieto. “Mi preferido es Lagavulin con 16 años de guarda”, relata.

Todos se consideran “whiskylovers”. “Es que el whisky te enamora”, redondea firme otro socio.

Scroll al inicio